Hijos de padres separados

ACTA REUNIÓN DE EQUIPO – MEDICINA FAMILIAR

Departamento de Medicina Preventiva

 Pontificia Universidad Javeriana

 

 HIJOS DE PADRES SEPARADOS

Fecha: 12 de Noviembre de 2009.

Expositora: Dra. Diana Milena Mendoza Pinzón (Residente I Año de Medicina Familiar -Pontificia Universidad Javeriana).

Docente Encargado: Dra. Luz Helena Alba Talero. (Especialista en Medicina Familiar de la Universidad del Valle – Coordinadora de la Especialización en Medicina Familiar – Pontificia Universidad Javeriana).

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­1.  INTRODUCCIÓN

Existe un gran número de definiciones del término familia dependiendo del contexto, enfoque y disciplina involucrada en el estudio de este ente social.  De manera sencilla la familia  puede describirse como cualquier grupo de personas que mantienen una relación biológica, emocional o legal y comparten o no un mismo sitio de vivienda.[1] Adicionalmente, es en este medio en el que se establecen relaciones  estrechas y duraderas de apoyo, afecto, confianza, seguridad y lazos de fraternidad, siendo además la unidad relacional básica de la sociedad.

Para la población pediátrica la familia tiene, como es lógico, una  influencia  importante  independientemente de su composición.  Existe una gran diversidad de familias así como de estructuras familiares y esa diversidad está influenciada a su vez por factores geográficos, regionales, étnicos, religiosos e incluso de orientación sexual.  Diversas características relacionadas con la familia (estructura, tipo, funcionalidad) afectan el desarrollo de los hijos en forma importante a través de su impacto en diversas vivencias  familiares, en la forma como los miembros de la familia se comportan e interactúan y en la manera como la familia afronta crisis bien sean normativas o no normativas. 

En Colombia la familia nuclear es aún el tipo familiar dominante (54.9%).  La modalidad predominante es la nuclear completa biparental, en la que se define un modelo tradicional ideal de pareja con hijos (65%).  Teniendo en cuenta los datos obtenidos de la Encuesta de Hogares, etapa 19 de 1978 y el censo Nacional de Población de 1993.  De acuerdo con estas cifras, el 85.7% de los núcleos familiares en Colombia se construyen sobre las funciones primarias familiares: conyugabilidad y reproducción.    Otros tipos de familia incluyen: Unipersonal (6.9%), y, extendida/compuesta (38%).[2] 

La evidencia muestra en general que los niños tienen un mejor desempeño cuando viven con sus dos padres y estos tienen una convivencia de respeto y apoyo mutuo con una base social y económica adecuada.  Sin embargo,  una estructura familiar con dos padres facilita pero no garantiza familias exitosas. Entonces, una familia nuclear estable es potencialmente la más segura y proporciona un ambiente adecuado en el que los niños pueden crecer. 

Durante los años de dependencia los niños reciben de sus padres alimento, vestido, refugio, un ambiente seguro y limpio, supervisión adecuada y acceso a salud y educación.  Las familias proveen además apoyo y es el sitio en donde los hijos se sienten amados, valorados, reciben compañía y aprehenden valores. Las familias transmiten tanto sus propios valores como los del medio que los rodea.  Esto permite que los hijos se adapten a las adversidades y así desarrollen  independencia. 

 Muy a pesar de esto, en algunas circunstancias, la separación puede  ser una medida necesaria, por ejemplo cuando la relación de  pareja es tan conflictiva que genera repercusiones graves en los hijos.  Se ha documentado que la presencia de padres separados pero tranquilos y felices está muy a favor de la estabilidad emocional de los hijos comparada con la perpetuación de uniones con continuas peleas y desamor.[3] 

Anualmente, en Estados Unidos, más de un millón de niños se ven involucrados  en el divorcio de sus padres. La tasa de divorcio aunque ha venido disminuyendo levemente desde 1992, aún se presenta en cerca del 50% de matrimonios.

Para 1990, el 90% de los niños norteamericanos crecían con sus dos padres biológicos, hoy solo el 40% de ellos lo hacen.  Este cambio se ha debido al gran porcentaje de divorcios, al aumento de presencia de hijos extramatrimoniales, hijos de padres solteros y la creciente aceptación de la unión libre frente al matrimonio.[4] 

Según datos de la Superintendencia de Notarias y Registro, para el primer trimestre de 2008 se presentaron en Colombia 3366 divorcios con un incremento superior al 200% comparado con el número de divorcios que se presentaron durante el mismo periodo del año inmediatamente anterior calculado en 925. 

Adicionalmente, el 65-75% de los hombres se casan nuevamente durante los cinco años siguientes al divorcio, incluso, la tasa de divorcio en el segundo matrimonio es aún mayor que en el primero. 4 

Si bien la familia y su constitución han variado enormemente, la naturaleza misma del divorcio ha cambiado sustancialmente en las últimas décadas.  Incluso, la era tecnológica,  ha generado cambios en el establecimiento de relaciones interpersonales; las nuevas generaciones han establecido nuevas reglas comportamentales respecto a la familia y al matrimonio.3  

Sin embargo, los niños necesitan de sus padres por mucho más tiempo que otras especies y son totalmente dependientes de ellos para alimentarse, vestirse y protegerse durante los primeros años de su vida.  Cuando los padres se divorcian los niños experimentan un sentimiento de rechazo e incluso para algunos la experiencia vivida es similar a la que experimentan cuando uno de sus padres fallece. 

2.  DESARROLLO DEL TEMA 

Etapas del divorcio

En el divorcio se han descrito diferentes etapas.  En principio, el periodo inmediato a la separación se conoce como la etapa aguda, esta puede durar hasta dos años y se caracteriza por  un estado de agitación máxima.  Después, la familia entra en una segunda fase de transición caracterizada por cambios más controlados.  La tercera y última, la fase posdivorcio, a la que se llega cuando cesan los principales movimientos familiares de reestructuración y, a veces, después de un nuevo matrimonio.  

Sin embargo, nos compete hablar sobre las etapas que afectan directamente a los hijos.3

En los hijos se presentan básicamente las etapas descritas para el duelo, así:

  1. Negación: Los hijos se niegan a creer que sus padres van a partir y tienden a creer que si se han separado van a estar juntos muy pronto.
  2. Rabia: Los hijos experimentan rabia contra sus padres por separarse y además por no tratar de unirse nuevamente.  Esta etapa se asocia a un mal comportamiento en los hijos.
  3. Negociación: Los hijos llevan a cabo una negociación de sus actividades. Ej. Si me comporto bien,  si obtengo buenas notas, si dejo de pelear con mi hermano, puedo hacer que mi padre o mi madre regrese a casa.
  4. Depresión: Niños siempre tristes y cansados en la casa y en el colegio.  En esta etapa los niños deben ser evaluados muy cuidadosamente porque pueden aparentar una falsa resolución del duelo al tratar de controlar sus emociones y esconder sus verdaderos sentimientos.
  5. Aceptación: En esta etapa los niños adquieren la capacidad de comprender que tal vez el divorcio fue lo mejor para todos en el sentido en que sus padres son más felices viviendo separados.  Esta etapa se presenta casi siempre en los hijos mayores e incluso en la adultez (adulto joven). 

Consecuencias del divorcio

El divorcio trae consigo una serie de consecuencias, dentro de las cuales están: 4

  • Disminución del estatus económico, para un padre soltero, separado o divorciado, la carga económica aumenta y aumenta asimismo  la necesidad de soporte socio económico.
  • Cambios en  estilos de vida.
  • Separación de los hijos de uno de sus padres (usualmente del padre)
  • Ausencia de la familia extensa de ese padre.
  • Estrés por establecimiento de tiempos de visita y responsabilidades económicas.
  • Mayor riesgo de desarrollo de problemas emocionales y comportamentales en los hijos incluyendo depresión y bajo rendimiento escolar.
  • Uno de los padres se ve forzado a asumir la mayor carga de la paternidad o maternidad al tiempo que experimenta sentimientos de frustración, decepción y pérdida  lo que lo conduce fácilmente a depresión tornándose agresivos, distantes y autoritarios.
  • Reemplazo de la pérdida de la pareja con la compañía del hijo(a).
  • Descuido de los hijos al tener que dejarlos solos durante horarios prolongados.
  • Sobrecarga de tareas en los hermanos mayores.
  • El tiempo de contacto con los hijos disminuye sustancialmente.

Es relevante considerar que en la mayoría de los casos el que va a estar ausente es el padre. Solo el 10% de los hijos permanece con el padre posterior a un divorcio.

Aquí tiene bastante influencia el desarrollo de estigmas sociales sobre la constitución familiar.

En la mayoría de casos la figura paterna aparece en segundo lugar y en muchos casos se comporta como un trabajador compulsivo no muy involucrado en las vidas de sus hijos. Aparece entonces la madre como principal cuidadora y el padre como el principal aportador económico.  Así tras un divorcio el padre es socialmente considerado como el menos apto para tener la custodia directa de los hijos, a pesar de que de alguna manera eso ha venido cambiando y  no ocurre de esta maneraen todos los casos.  Se ha observado sin embargo, que para los hijos es muy importante mantener un contacto estrecho con el padre no custodio y especialmente cuando este es del mismo sexo. Tristemente, se ve que en la medida en que pasa el tiempo 3 de cada 4 hijos se sienten abandonados por sus padres 10 años después del divorcio. 

Esta ausencia se ve influenciada por varios factores dentro de los que se cuentan: 

  • La responsabilidad de un nuevo matrimonio o familia.
  • Rompimiento de los lazos relacionales con el paso del tiempo.
  • Horarios de visita limitados.
  • Aumento de ocupación con actividades escolares en adolescentes.
  • Distanciamiento de la pareja como escape al problema.

Respuesta de los hijos al divorcio

La respuesta depende del ciclo vital individual: 4

  1. Mayores problemas comportamentales en hijos de padres divorciados respecto a hijos que viven con sus dos padres. Se tornan agresivos, impulsivos e incluso pueden adquirir comportamientos antisociales y relaciones negativas con sus padres.
  2. Bajo rendimiento escolar.
  3. En algunos hijos tiene un resultado “positivo” en el sentido que son hijos más maduros e independientes.
  4. En los hijos más pequeños no se evidencia una respuesta directa, dado la diferente percepción que tienen del divorcio y la incomprensión de la dimensión del problema.  Sin embargo en esta edad se presenta fundamentalmente el riesgo de la pérdida de contacto con el padre no custodio y por ello estos niños se benefician de las visitas continuas y prolongadas que hagan que el padre ausente esté más involucrado en sus vidas.
  5. Los preescolares tienen la firme convicción de que tarde o temprano sus padres van a estar juntos nuevamente, tienen continuo miedo al abandono al ser una etapa de total dependencia.  En esta etapa los niños piensan: “si mi padre o madre me abandonó, ¿por qué no habría de abandonarme también el otro?”.  Los niños buscan entonces evitar continuamente ese abandono y por ello se convierten en niños ansiosos que buscan desesperadamente mantener juntos a sus padres, hacen pataletas todo el tiempo e incluso presentar enuresis.
  6. En la etapa escolar, los niños se enfrentan a un doble conflicto: aman a ambos padres y además necesitan recibir amor de los dos.  En este sentido, necesitan una continua demostración de afecto y muchas veces hacen que sus padres se lo expresen en forma de regalos, aprovechándose incluso del padre no custodio que trata de redimirse mediante regalos.  Estos niños experimentan sentimientos de culpa por el divorcio de sus padres y tratan constantemente de unirlos de mil maneras.
  7. Los hijos entre los 9 y los 12 años usualmente se tornan agresivos e incluso hostiles.  Se ponen del lado de un padre y en contra del otro.  Hay somatización de su ansiedad manifestada en dolores de cabeza, estómago, trastornos del sueño y dolores en el pecho entre otros.  En los hijos que tienen enfermedades crónicas puede haber exacerbaciones de las mismas.  En los casos más severos se pueden identificar comportamientos delincuenciales como robos, mentiras.  El bajo desempeño escolar es otra de las respuestas identificadas, además de presencia de trastornos alimentarios y comportamientos contradictorios con los padres.
  8. En los adolescentes mayores  se da una paradoja: el deseo de ser independientes sin serlo realmente.  Los adolescentes buscan actuar libremente bajos sus propias reglas pero al mismo tiempo desean la seguridad del apoyo económico (alimentación, vivienda, vestido, etc.) que les proporcionan sus padres.  En esta etapa, los adolescentes aparentan no tener tiempo para los problemas de sus padres ya que están constantemente ocupados en su mundo de nuevas experiencias con su sexualidad, alcohol, drogas y sus propias luchas personales.  Si bien los adolescentes tienen una mejor comprensión de lo que ocurre en el divorcio, son aun emocionalmente inmaduros (pueden responder con tristeza y enojo como una máscara para esconder sus sentimientos).

En esta etapa:

  • Rechazo a participar en las actividades escolares de su interés.
  • Se evidencia más ausentismo escolar.
  • Aumento en el abuso de sustancias
  • Dejan de ser los aliados de uno de sus padres. 

Es importante tener en cuenta que los padres no deben confundir a los adolescentes con adultos y éstos no deben asumir el papel del hombre de la casa cuando el padre se ha marchado.  Asimismo, las adolescentes no deben ser forzadas a emplear su tiempo libre en comportarse como pequeñas amas de casa en las labores domésticas o en el cuidado de sus hermanitos. 

En la adolescencia los hijos no requieren mucho tiempo de visita por parte del padre no custodio precisamente porque están continuamente ocupados en sus propias actividades y es frecuente observar que quieren cambiar continuamente de casas y vivir un tiempo con un padre y luego con el otro.

Ahora, debemos tener en cuenta que las reacciones que se pueden presentar frente al divorcio de los padres pueden generarse hasta la etapa adulta, y en esta etapa se manifiesta en el desarrollo de mayores problemas para establecer relaciones interpersonales, mayor índice de desempleo, así como relaciones problemáticas con padres y hermanos.

Adicionalmente, el establecimiento de nuevas relaciones maritales de los padres trae consigo un sin número de cambios en la vida de los hijos pues implica  también el establecimiento de nuevas relaciones (nuevas personas a las que debe considerar como hermanos, tíos, primos, etc., sin serlo realmente).

Durante mucho tiempo, y especialmente en familias tradicionales como las del interior del país (familia nuclear predominante), se ha perpetuado la idea de  conservar el  matrimonio pese a las dificultades que se presenten. Uno de los argumentos al respecto es el supuesto beneficio para los hijos aún en contra de  felicidad de los padres.  Sin embargo estas familias terminan siendo familias disfuncionales que generan grandes conflictos en sus hijos con el consecuente “olvido” de las funciones de paternidad y el uso incluso de técnicas disciplinarias negativas al direccionar su enojo y frustración hacia ellos.

Se ha documentado que la adaptación de los hijos al divorcio es directamente proporcional al nivel de conflicto marital que precede y que sigue al divorcio.  Cuando el nivel de conflicto no disminuye a pesar del divorcio los hijos no logran adaptarse porque se sienten “atrapados” en un circulo vicioso del cual no pueden escapar.

Papel del Médico Familiar en la orientación a la familia

Las intervenciones deben estar orientadas hacia la consejería a los padres en los siguientes aspectos:

  • Insistir a los padres sobre la importancia de preparar al niño unos días o semanas antes de anunciar su separación.  Las explicaciones deben ser dadas en términos comprensibles de acuerdo con las edades de sus hijos.  Deben ser neutrales sin culpabilizarse uno al otro, los dos padres deben estar presentes y asimismo todos los hijos.
  • Es muy importante insistir a los hijos en el hecho de que ellos no son culpables de la separación.
  • En el momento de informar sobre el divorcio es además muy importante que los padres manifiesten a sus hijos que no lamentan haberlos tenido.
  • Recordar constantemente a los hijos cuanto los aman, que a pesar de que no vayan a vivir juntos cada uno continuará amándolo y ocupándose de ellos.
  • Evitar si es posible un cambio de casa, colegio o amigos.  Es imprescindible que se explique cuál va a ser la estructura familiar posterior al divorcio y quién va a vivir con quién y cómo van  a  ser las visitas.
  • Escuchar constantemente al niño.  Si bien los niños no expresan lo que sienten con palabras hay que estar atentos a sus cambios de actitudes, comportamientos agresivos, etc.
  • Continuar los lazos fraternales así como contacto y visitas con la familia extensa más aún cuando estos eran considerados  importantes por los niños antes de la separación.
  • Mantener contacto continuo con el padre no custodio.
  • No hacer de los hijos adultos.   No hacer que asuman responsabilidades que no les corresponden.
  • Evitar discutir frente a los hijos (sobre horarios de visita, factores económicos, custodias, etc.)
  • Los hijos necesitan reglas.  La disciplina consistente y hablada en el mismo lenguaje por parte de los padres es muy importante.
  • No se debe forzar a los hijos a tomar parte en el divorcio hacia uno de los dos padres.[5]
  • Nunca demeritar al otro padre frente a los hijos pero tampoco encubrir las irresponsabilidades del mismo.
  • Los hijos no hacen parte de las propiedades a dividir.

El “Task Force on the Family” propone algunas recomendaciones en la intervención de los médicos en familias con padres separados:[6] 

  1. Comprensión por parte de los médicos sobre la importancia del impacto de la estructura familiar sobre niños y adolescentes.
  2.  Importancia de la identificación por parte de los médicos de los factores estresantes presentes en familias con padres separados.
  3. El médico debe enfatizar en la relevancia de que los padres se involucren en la vida de sus hijos en forma activa.
  4. Los médicos deben estar en capacidad de ayudar a comprender a las familias los efectos del divorcio sobre la salud emocional y física de los hijos y brindar una adecuada consejería con el objeto de disminuir los resultados adversos del mismo.

3.  CONCLUSIONES:

  1. En general los hijos tienen un mejor desarrollo emocional y son más sanos y productivos cuando sus dos padres son casados y viven juntos, se apoyan y se comunican eficientemente, en un ambiente sin violencia.
  2. Cada familia es única y su estructura y composición no predice con exactitud su funcionamiento.
  3. El éxito emocional y educativo de los hijos depende de que tanto los padres se involucren en sus vidas.
  4. La adaptación de los hijos al divorcio y las respuestas emocionales dependen del ciclo vital individual y del nivel de conflicto familiar previo a la separación de los padres
  5. La intervención del médico familiar consiste en una apropiada consejería hacia los padres enfatizándoles en la importancia de manifestar su amor hacia sus hijos evitando sentimientos de culpa que genera el divorcio en los niños y adolescentes.
  6. Si bien el papel del médico familiar en la orientación de las familias que atraviesan la experiencia del divorcio se basa en la consejería sobre los puntos ya descritos, es de suma importancia considerar que no se debe tomar parte en la problemática ni su rol está relacionado con la intervención terapéutica directa de casos complejos. El médico familiar debe estar en capacidad de direccionar a las familias con procesos complicados, en forma oportuna, al terapeuta de familia y hacer uso de los recursos humanos necesarios dentro de una política de trabajo multidisciplinario.

Bibliografía


[1] Pontificia Universidad Javeriana. Las Familias en Bogotá. Realidades y diversidad. Editora académica Martha Lucia Gutiérrez Bonilla.   Bogotá: 2008;17.

[2] Rico de Alonso Ana. Formas, cambios y tendencias en la organización familiar en Colombia. Revista Nómadas. Universidad Central.  1999;11:110-17 

[3] Hijos de Padres Separados.  Pediatría Integral 2005; IX (9):673-680.

[4] CPT Charles L. Bryner, Jr, MD. Children of Divorce.  J Am Board Family Practice.  J Am Board Fam Pract 2001;14:201–10.

[5] Centro Para el Padre Efectivo Little Rock Center (501) 364-7580 NW Arkansas Center (479) 751-6166.

[6] Family Pediatrics: Report of the Task Force on the FamilyAmerican Academy of Pediatrics.  Pediatrics 2003; 111; 1541-1571. DOI: 10.1542/peds.111.6.S1.1541.  http://www.pediatrics.org/cgi/content/full/111/6/S1/1541

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